Cuaderno de Campo para brujas II : Propósitos y requisitos.




El primer propósito del trabajo con cuaderno es tomar (o retomar, depende del caso) las riendas de nuestra vida y ver hacia dónde queremos dirigirnos, qué queremos ser, qué queremos experimentar o hacer. Entenderemos que lo que sea que haya pasado hasta el momento, ya ha pasado y no se puede cambiar. Debemos situarnos en el presente. No se trata de empezar desde cero, sino de trazar una frontera clara a partir de la cual nos comprometemos a hacernos responsables de nosotros mismos, pero también a volvernos nuestros cómplices. Vamos a dejar de culpar a los demás de las condiciones en las que nos encontramos, sean cuales sean. Así mismo,  vamos a dejar de pedir a otros - a menos que sea estrictamente necesario-, e incluso dejaremos de esperar nada de ellos - o, al menos, trataremos de dejar de esperar demasiado-. Un practicante serio de magia/brujería debe desarrollar sus capacidades para conseguir o realizar por sus propios medios aquello que desea, sin necesidad de dañar a otros en el camino - lo cual no es sólo una muestra de ética, sino de sabiduría-.

Se trata aquí de adquirir consciencia de nuestras capacidades y los resultados que sobre nuestra realidad se obtienen al aplicarlas intencionadamente, es decir,  vivir con atención el proceso mágico. Muchas personas no saben nada de sus propias capacidades - y, por lo tanto, no tratan de ejercitarlas- simplemente porque no se imaginan a sí mismas poseyéndolas. En el extremo contrario existen personas que dan rienda suelta a su imaginación sin conseguir nada concreto, muy al contrario, crean una maraña de ideas que, reteniéndolos en la confusión,  impide que alcancen sus objetivos.  La práctica mágica da resultados reales; en algunos aspectos éstos serán más o menos subjetivos, pero en todo caso la subjetividad estará en la interpretación o explicación que demos a unos cambios que se han realizado efectivamente.
Es posible es leer y hablar de magia, conocer las teorías básicas y los  instrumentos necesarios, incluso haber realizado algunos rituales, pero no haber vivido la magia. La diferencia es tan abismal como la que existe entre contemplar un plano y recorrer físicamente el edificio que se la construido siguiendo sus indicaciones. La práctica mágica implica a menudo un cambio de percepción sobre la realidad que habitamos, que, por otra parte, no requiere que despeguemos los pies del suelo. La "magia" está también en ese suelo, en los pies que lo pisan, en todo cuanto nos rodea, y especialmente en el modo en que nos "enraizamos". Sencillamente hay que empezar a ver esta realidad profunda, y a moverse cómodamente en ella.

El modelo de sociedad occidental nos anima a vivir de puertas para afuera, lo cual en vez de hacernos más comunicativos con nuestros vecinos nos desliga de lo que somos, de nuestra mente, de nuestras emociones, incluso de nuestro cuerpo físico. Tenemos una marcada tendencia a buscar referencias en el exterior, en los otros, en el colectivo, en las instituciones, en las autoridades... pero el exterior está lleno de mensajes contradictorios y, a menudo, distorsionados por intereses concretos. Muchas veces no nos tomamos en cuenta por temor a ser demasiado subjetivos, como si los otros no lo fueran (!), como si no existieran las alucinaciones grupales, o como si las imágenes creadas por los mercados para llevar a la población dónde les conviene no fueran mil veces más ilusorias que lo que podamos fantasear en un momento dado. La capacidad de autoreferencia es muy importante, y es parte de nuestro trabajo recuperarla. Como se ha mencionado antes, otro de los objetivos del trabajo con cuaderno es convertirnos en nuestros cómplices, esto es, saber que - incluso aunque todo lo demás falle - podemos contar con nosotros mismos, saber que podemos confiar en que ninguna corriente podrá ahogarnos, y dejar el miedo atrás.

El trabajo con cuaderno nos permite observar el funcionamiento de nuestras práctica, y sacar nuestras conclusiones al respecto. Las notas que voy a ir escribiendo pueden aplicarse, por lo general, dentro y fuera del paganismo. Sea cual sea nuestra creencia, es importante señalar que los dioses, o cualesquiera otros poderes o entidades, no harán el trabajo que nos corresponde. Tampoco pueden hacerlo nuestros maestros/as, covens, grupos o comunidades. Hay razones excelentes para esto, que involucran nuestra integridad e incluso, en ocasiones, nuestra propia seguridad. Con el tiempo aprenderemos - si es que no nos hemos dado cuenta ya - que el poder de abrir las puertas, de permitir el paso o de llamar tanto aquello que consideramos malo como a lo que consideramos bueno, reside en gran medida en nuestros pensamientos, actitudes y acciones (y, por lo tanto, podemos hacer algo al respecto).
Es obvio que el trabajo con el cuaderno es un ejercicio individual, lo cual no significa que de la espalda al trabajo en grupo; se trata de aspectos distintos de la práctica, la colaboración y la convivencia mágica.  Si hacemos las cosas bien, cualquier persona que esté en contacto con nosotros se verá favorecida por nuestro avance personal.

Por último, antes de empezar, es necesario tener en cuenta una serie de requisitos. El trabajo con cuaderno requiere voluntad, compromiso y constancia pero especialmente, gentileza y sinceridad con nosotros mismos.

He conocido personas que parecen moverse únicamente cuando tienen a alguien gritándoles lo que hacen mal detrás, lo cual a mi modo de ver las cosas denota, además de una falta de seriedad, cierta disfuncionalidad a la hora de transmitir cualquier conocimiento. Cuando nos enfrentamos al trabajo individual, especialmente si partimos de una situación de descontento con nosotros mismos, corremos el riesgo de desanimarnos muy rápido por no alcanzar nuestras propias expectativas. Recordemos que se trata de recuperar - o incluso conocer por primera vez!- la confianza en nosotros mismos, y por lo tanto deberemos ser pacientes y dejarnos margenes amplios. Para que el sistema funcione, es preferible dar mil pequeños pasos seguros a intentar dar un salto espectacular: cada paso duplicará nuestras fuerzas y nuestros ánimos para el siguiente.  Los cambios pueden sucederse muy rápido, pero para que sean duraderos, deberán estar muy bien asentados. Por esto no debe preocuparnos si parecemos neófitos - cuando llevamos tantos años en la práctica!! - o demasiado "lentos". Generalmente nuestro ritmo irá aumentando, pero con el tiempo, puede ralentizarse, volver a acelerar, detenerse por un tiempo, etc.

Ser gentiles con nosotros mismos implica tratarnos bien, no darnos latigazos cuando las cosas no salen como queríamos, si un día se nos olvida la práctica, o si fallamos en cualquier otro pequeño punto. También significa asignarnos tareas y prácticas que no supongan de entrada un esfuerzo demasiado grande. Voluntad en este contexto es que realmente nos apetezca hacer algo, no que sintamos que nos sacrificamos por ello, porque esa sensación de "sacrificio", especialmente si es innecesario, puede degenerar en "victimitis".  No parece demasiado sensato vivir la práctica mágica - ni cualquier otra cosa- como un sobreesfuerzo continuo, porque es una vía que sólo puede dejarnos peor de lo que estábamos antes de emprenderla. Es mejor hacer cosas que de entrada nos aporten una satisfacción, entonces estaremos más dispuestos a dar un paso más largo la próxima vez; sin embargo como ya estamos motivamos este segundo paso no será más cansado para nosotros que el primero, aunque requiera mayor fuerza.

Respecto a la sinceridad, de por sí ningún practicante serio debería permitirse mentir, pero en el caso del trabajo con cuaderno es un elemento esencial. Nadie más va a ver nuestras anotaciones, al menos hasta que hayamos concluido la primera prueba, que detallaré más adelante. Es importante que nos sintamos seguros para escribir aquellas cosas que no nos gustaría que otros leyeran, pero también aquellas que nos puede doler aceptar y que nos cuesta poner en palabras. Si realmente nos resulta muy difícil, podemos ir haciendo esto poco a poco. Lo que no podemos hacer en ningún caso es mentirnos: es mejor no escribir algo que planeamos hacer que escribirlo y no hacerlo. Podemos matizar las frases usando un "posiblemente", "lo más seguro", etc. pero lo aconsejable es evitar también esto en la medida de lo posible. En el cuaderno trabajamos principalmente con la palabra escrita, y obtendremos mejores resultados si nos acostumbramos a ver cómo aquello que escribimos como un proyecto llega a convertirse en realidad una y otra vez, si convertimos nuestra palabra (pensada, escrita o enunciada) en una herramienta efectiva que puede acompañarnos donde quiera que estemos sin llamar la atención.


Vaelia / Ouróboros ABC, 2012 


*Ilustración: La ilustración es de Beatriz Martin-Vidal, tomada en una página rusa (?), aunque se puede visitar el (muy recomendable) portafolio de la autora.

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