Cuaderno de campo para brujas IV: Organización y seguimiento




En muchos aspectos los seres humanos funcionamos en “modo automático”, lo que significa que podemos pasar días, semanas y meses haciendo muchas cosas -a grandes velocidades-, sin prestar verdadera atención a ninguna. En ocasiones, esto nos convierte en una especie de caballos de carrusel: cargando con el peso extra de turno subimos, bajamos y damos vueltas sin llegar a ningún lugar. Sin embargo, este mismo automatismo puede resultarnos ventajoso cuando somos nosotros quienes elegimos el programa a ejecutar.

Para poder tomar control sobre nuestros automatismos debemos adquirir conciencia sobre los mismos. El principio del trabajo con cuaderno es la observación de uno mismo y de las consecuencias de nuestras acciones, actitudes y pensamientos, así como de los efectos reales de nuestras prácticas. Para adquirir la costumbre de la auto-observación y probar la efectividad de los ejercicios elegidos, el trabajo con el cuaderno se divide en fases de 21 días, al término de los cuales se puede descansar unos días -no más de una semana- antes de pasar a la siguiente.

Cada fase debe tener una lista de objetivos a cumplir (los objetivos de la primera pueden deducirse de lo que hemos visto al realizar el inventario). Es importante que sean metas que queden a nuestro alcance sin necesidad de realizar grandes sacrificios. Durante las primeras fases la prioridad será ponernos al día, sacarnos de encima el lastre de tareas que teníamos pendientes, sentirnos bien y acostumbrarnos a que aquello que decimos/escribimos se vea repetidamente realizado, sin depender más que de nosotros mismos.

Teniendo en cuenta que las fases son de 21 días habrá objetivos a medio y largo plazo que no podremos lograr en una sola fase, estos proyectos pueden ser planificados de manera que en cada fase se cumplan una serie de tareas con las que se puede continuar en la siguiente.

Seguimiento

Durante los 21 días de la fase se dará seguimiento a una serie de cuestiones básicas. La información se anotará el mismo día o el inmediatamente posterior, no sólo porque algunos aspectos son fáciles de olvidar, sino porque va a funcionar como una instantánea de las emociones del momento, que más tarde nos tocará enfrentar y objetivizar.

1) Fecha. El apartado de la fecha incluye el número de día dentro de la fase, el día de la semana, y la fecha completa. Puede incluirse aquí la fase lunar. En el caso de las mujeres es conveniente señalar el inicio menstruación y su retirada.

2) Hora de despertarse y de dormir. El descanso es un elemento fundamental para que nuestra mente esté en condiciones de funcionar. Posiblemente el horario ideal consista en levantarse algo antes de la salida del sol y acostarse pronto. Pero el horario puede variar en función de la edad, el trabajo, o simplemente la necesidad de encontrar un momento de tranquilidad en la casa. La cuestión es observar el hábito que estamos siguiendo, si nos funciona o si deberíamos introducir alguna mejora. Por lo general es el trabajo (los horarios de clases, o los de nuestros hijos, etc.) el que nos marca esta pauta, por lo que cuando se produce un cambio en ese aspecto perdemos el ritmo al que estábamos acostumbrados y nuestra salud y estado psíquico pueden verse afectados. En este caso, la regularización de nuestros horarios nos ayudará a recuperar ánimos y energías.

3) Alimentos y bebidas consumidos a lo largo del día. Otro pilar de un buen funcionamiento es nuestra alimentación. Nuevamente, no se trata aquí de imponer una dieta concreta, sino de tomar conciencia de qué estamos comiendo, y de si esto nos sirve tal como está o debe ser mejorado. Aunque a priori no sea algo que relacionemos, una alimentación incompleta puede afectar a nuestro estado de ánimo y al sistema nervioso, volviéndonos depresivos o excesivamente susceptibles. Por otro lado, muchos problemas de salud derivan del consumo de productos que, debido a las características particulares de nuestro organismo, no nos hacen bien. Observar nuestra alimentación es un ejercicio interesante, en cuanto entramos en contacto -por rudimentario que sea- con el modo en cómo facilitamos o dificultamos el funcionamiento de nuestro cuerpo, y cómo esto afecta al resto de nuestra vida (si estamos más cansados de lo que deberíamos, si nos sentimos apáticos, si no podemos hacer cosas porque nos “duele todo”, etc.).

4) Medicamentos y dosis - en caso de consumirlos-. Siguiendo con la lógica del punto anterior, si estamos siguiendo un tratamiento médico registraremos su consumo. Algunos medicamentos tienen efectos secundarios que, aunque no sean graves, pueden afectar nuestro ánimo y capacidad de acción, y debemos tener en cuenta esto a la hora de planear nuestros objetivos y evaluar nuestros resultados.

5) Acciones llevadas a cabo durante el día. Se trata de enumerar las cosas que hemos hecho durante el día: hemos ido al trabajo, hemos llevado el gato al veterinario, hemos buscado ese libro que dijimos que prestaríamos a nuestro amigo para que pudiera terminar su trabajo, nos hemos dado un baño con sal de mar, etc.

No somos lo que hacemos, pero hacer cosas es parte de la gracia de estar vivo y hacer las cosas que elegimos, parte de la gracia de ser nosotros y no otras personas. En este apartado nos vamos a dar cuenta de dónde estamos invirtiendo o gastando nuestras energías y nuestro tiempo, si nos sale a cuenta, si estamos prestando más tiempo y atención a otros que a nosotros y, sobretodo, si estamos haciendo lo que consideramos más importante hacer, nos estamos distrayendo un poco, o nos ha invadido la letargia y es necesario reactivarnos.

6) Práctica diaria. Es importante entender que la práctica mágica que se reduce a los momentos de apuro, o a la celebración de las grandes festividades es un reflejo pálido de lo que podría ser una “vida mágica”. No es que sea necesario trazar un círculo completo tres veces al día, pero sí lo es tratar de mantener consciente el vínculo que nos conecta con esa parte de nosotros que es capaz de escapar de la trampa de las circunstancias, con el fin de ir aprendiendo a no depender de éstas. Para ello, es suficiente escoger algunas prácticas sencillas, que básicamente sirven para recordarnos lo que en el fondo ya sabemos, pero tenemos que mantener en la superficie para que nos sirva de algo. Este apartado se verá con mayor detenimiento en los siguientes artículos.

7) Observaciones (estado físico y emocional, sucesos, reacciones, otras personas…). Este apartado funciona como un diario personal, en el que escribiremos básicamente cómo nos hemos sentido física y emocionalmente, lo que nos permitirá observar como todos los elementos antes consignados influyen en nosotros y empezar a planear mejoras por nuestra parte. También podemos escribir lo que creemos que va a suceder, lo que tememos o deseamos que suceda. Este es el apartado en el que registraremos las cosas que “nos pasan”, que técnicamente no dependen de nosotros, y también lo relativo a nuestras relaciones e interacciones con otras personas.

Nadie va a leer nuestro cuaderno, pero a veces ni siquiera quisiéramos leerlo nosotros. Es muy importante ser sinceros y hacer el esfuerzo de escribir, aunque sea con eufemismos, aquello que nos desagrada y nos cuesta admitir. Tendemos a identificarnos con nuestras emociones hasta el grado que nos resulta muy difícil pensar claro. También nos identificamos con el rol que asumimos consciente o inconscientemente en las situaciones que vivimos (y en las relaciones con otros) hasta el punto que nuestra percepción se encuentra demasiado distorsionada para comprender.

Al momento de escribir sobre las cuestiones que estamos viviendo y nos importan vamos a filtrar mucha información que con el tiempo (cuando ya hayan pasado, o cuando ya no importen tanto) podremos analizar con mayor ecuanimidad. Está claro que no podemos cambiar a otros - y no deberíamos esperar de ellos- de manera que una y otra vez deberemos enfocarnos en el papel que cumplimos en nuestras relaciones, ya sean familiares, laborales, de amistad, etc.Especialmente en este punto deberemos aprender de nuestros errores y tratar de ver y aceptar las cosas tal como son, con el fin de poder plantearnos soluciones reales, en vez de fantasearlas.

Otro aspecto interesante de observar a través de las anotaciones en este apartado es la secuencia de cambios que vemos tanto dentro de nosotros como en nuestro entorno, incluyendo aquellos que no dependen de una acción directa por nuestra parte, a medida que avanzamos en el trabajo.

Al término de los 21 días, nos quedan 7 para reflexionar y hacer un resumen escrito de los cambios que se han producido durante la fase. También tocará hacer recuento de los objetivos alcanzados y evaluar si vamos a por algo más sencillo, igual o más complicado de conseguir la próxima vez. Si hemos sido sinceros posiblemente veremos que hay algunas cosas en nosotros mismos que no consideramos en el inventario inicial y que deberíamos empezar a cambiar. Hasta nuevo aviso, tenemos todo el tiempo por delante para conseguirlo.

Vaelia / Ouróboros ABC, 2012 

*Ilustración: De Elizabeth O. Dulemba, para Lula's Brew, 2006

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