Cuándo usar la magia


Brandon Snyder, Witch, 2008


La duda sobre cuándo se debe emplear la magia es una cuestión que no sólo aparece en el periodo inicial de aprendizaje, sino en muchos otros momentos de nuestra vida. Puede que la manera más sensata - y sencilla- de responderla pase por el análisis de lo que pretendemos alcanzar con ella, de lo que se pueden deducir tres opciones posibles:

a) Es un capricho. Mal vamos. El coste por el uso de la Magia es demasiado elevado para gastar nuestros recursos en cosas así.

b) Es algo que queremos.
b.1 -¿Lo seguiremos queriendo dentro de un tiempo? Si no es así, pertenece a la categoría de "capricho". b.2 - ¿Nos conviene?, ¿Aportará algo de valor a nuestra vida? Porque es posible que la consecución del objetivo no haga más que atraer nuevos problemas, carencias y otros "daños colaterales" a nuestras existencias.
b.3 - ¿Es realmente lo que queremos? Porque, en no pocas ocasiones, estamos dispersos y confundimos la forma con el contenido. Si el problema es inseguridad, podemos ponernos como objetivo algo que creemos que nos la aportará, por ejemplo, un aumento de ingresos o una casa... pero el objetivo último es la seguridad, la forma en la que llegue a nuestra vida es secundaria. Por esto es importante definir bien los objetivos - dentro y fuera de la magia - ; nos ahorra muchos rodeos y unos cuantos disgustos. Y si no tenemos claro este punto... vale la pena pararse a reflexionar un rato sobre ello.

c) Es una necesidad. Esto es, es realmente importante para nosotros, nos aporta algo de valor, es coherente con nuestro propósito de vida, es algo que nos ayuda a crecer, avanzar, o nos servirá para construir. Estamos dispuestos a luchar honradamente por ello, con magia o sin ella, y a ser consecuentes con la elección que tomamos al atraerlo a nuestra vida.

Todo tiene un precio, cada elección a lo largo de nuestra existencia; pero este coste no tiene por qué ser económico. Es un coste en consecuencias, en esfuerzo, en tiempo, en recursos personales; en las puertas que se cierran para que otras puedan ser abiertas. Nuestros recursos para este pago son limitados, por eso es necesario invertirlos de un modo consciente, buscando el camino más directo y despejado, la acción más eficiente.

Son muchos, muchísimos los deseos que pueden acudir a nuestra mente, en uno u otro momento, y no podemos seguirlos todos, porque no lograremos con ello otra cosa que consumirnos en una perpetua insatisfacción, acumulando - tal vez - cosas que no sirven para nada, a cambio de perder la oportunidad de seguir aquellas que sí nos hubieran servido.

También son muchas las circunstancias que enturbian en un momento u otro nuestro pensamiento, haciéndonos confundir la forma con el fondo, la apariencia con la necesidad, lo que creemos que queremos y lo que en realidad necesitamos, la "sensación de urgencia" con la importancia. La desesperación no es buena consejera; lo primero que pasa no es siempre la mejor opción, ni la más rápida, ni la más eficiente. Cuando estamos desesperados es más fácil ser engañados, ¡incluso - sobretodo- por nosotros mismos!.
Por esto siempre es mejor conservar la calma, poner distancia entre nosotros y aquello que deseamos o nos aqueja, discernir sobre su verdadera naturaleza y las acciones que podemos tomar al respecto. No suelen ser situaciones de vida o muerte y, por lo tanto, no pasa nada si nos tomamos ese tiempo. 

Así las cosas, pocos de nuestros deseos llegarán al punto en el que valga la pena emplear la Magia por ellos. Bien porque no son suficientemente importantes - y, en realidad, no vale la pena ni la Magia, ni muchos otros de nuestros recursos-, bien porque hay otras vías más rápidas de alcanzarlos prescindiendo de ésta.
Sin embargo, cuanto más definido esté el objetivo, más claro tengamos su naturaleza, más importante sea en nuestras vidas, y más convencidos estemos de la necesidad de él... más improbable será que acabemos realizando algún "trabajo mágico" para su consecución. De repente, toca a nuestra puerta y entra gentilmente, nos sorprendemos... "yo no he hecho nada! Esto es suerte!". De eso nada; lo que pasa es que el "trabajo mágico" ya está hecho, y ni nos hemos enterado de que lo estábamos haciendo.

Tal vez sería necesario redefinir, como postdata, la idea que se tiene de lo que la Magia es. Para algunas personas, todo es Magia, porque asocian la idea a cierta dimensión que perciben y por la que se mueven de la Vida, incluso de un modo no completamente consciente; mientras que otras personas no lo hacen. Entonces sí, todo lo que hagan con sus vidas podrá llamarse "Magia" en ese sentido.
Por desgracia para muchas personas que emplean el término "magia", éste significa poco más que una manera fácil de conseguir las cosas a cambio de nada (o a cambio de un precio económico). La Magia no es esto, y aquellos que emplean fórmulas, rituales, amuletos, etc. para solucionar cosas de la vida ordinaria - como conseguir un trabajo o encontrar una casa - , sólo están haciendo dos cosas;
1- pierden el tiempo y no obtienen resultados,
2- obtienen resultados porque esos materiales y procedimientos les dan la confianza necesaria para que su cabeza haga un trabajo que podría hacer perfectamente prescindiendo de ellos, sólo que no se atreve.

No es que la Magia a nivel ritual-amuleto-fórmula no sirva, es que usarla para solventar ciertas cosas es poco práctico... esta Magia sirve a otro niveles, en situaciones en las que tiene sentido el precio que pagamos por usarla. Mientras llega el momento, lo sí que hacemos es conocer cómo funciona, cuales son sus mecanismos, que margen de acción nos permite, cuál es su alcance... y porqué es absurdo y contraproducente empeñarse en aplicarla cuando hay otras opciones mejores.


Vaelia Bjalfi, Abril 2008

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos. ¿Podrias aclararme a que te refieres por el precio que pagamos por hacer magia? ¿te referis al karma (positivo o negativo)? Gracias. Bendiciones.

Vaelia dijo...

Saludos.

Aquí estoy refiriéndome a los recursos propios que consume la práctica magia; dedicación, tiempo, esfuerzo, etc. Determinadas formas de magia consumen además materiales o ingredientes específicos.

Por lo general aquellos que piensan en rituales, amuletos, etc. como primera opción para solucionar sus problemas, a menudo están dando rodeos tratando de evitar hacer lo que ya saben que tienen que hacer, y cansándose en el proceso.

La práctica mágica de la que hablamos aquí, consiste en aprender a usar de manera inteligente las corrientes naturales para que nos lleven a donde queremos llegar. Esto nos permite ahorrar fuerzas. Y estas fuerzas "ahorradas" nos sirven para cuando sea realmente necesario remontar las corrientes naturales.

Muchas gracias por tu comentario. Bendiciones.

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