Cuaderno de Campo VI: Práctica diaria, habilidades básicas




Aunque haya momentos en que sea más fácil realizar rituales y otras prácticas que requieren de tiempo y espacio,  la idea es que una bruja debe serlo a tiempo completo. La práctica diaria es esencial en el entrenamiento, no sólo porque nos ayuda a explorar y desarrollar nuestras capacidades, sino porque nos mantiene vinculados al camino que elegimos seguir.

A parte del seguimiento escrito que hacemos en el cuaderno, incorporar a la práctica diaria habilidades básicas como la conciencia corporal, la visualización y algunos tipos de respiración, nos ayuda a sentirnos mejor en nuestra cotidianidad toda vez que éstas pueden combinarse a la hora del trabajo propiamente mágico.


Respiraciones

Existen muchas técnicas relacionadas con la respiración. La más sencilla se reduce a observar nuestra propia respiración, tal como es, dirigiendo la atención al curso del aire que entra en las fosas nasales y vuelve a salir suavemente, sin esfuerzo. Observar la respiración nos sirve para trazar una línea mental y situarnos en el aquí y el ahora, dispuestos a la concentración. Este ejercicio puede realizarse en cualquier momento y lugar, y nos ayudará a relajar las tensiones acumuladas, así como a recuperar la serenidad en momentos puntuales.

Otro tipo de respiración habitual en el trabajo mágico es la respiración abdominal, usualmente en cuatro tiempos: inhalación, retención, exhalación, retención. Este tipo de respiración rítmica ayuda a la relajación, a la revitalización del cuerpo y a despejar la mente, y es de gran ayuda para prepararnos para el trabajo mágico. No obstante, como la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a respirar de manera superficial, para evitar la hiperventilación se aconseja realizar el ejercicio de modo gradual, sin sobreesfuerzos.

Con la espalda recta, sentados o estirados, realizamos una inhalación profunda, empujando suavemente hacia fuera el abdomen - cuando el diafragma se contrae, la cavidad torácica se expande y el aire entra en los pulmones a través de la tráquea para llenar el vacío resultante-, contando hasta cuatro. A continuación retenemos el aire en nuestro interior nuevamente en una cuenta de cuatro. Exhalamos suavemente, en la misma cuenta de cuatro, y finalmente mantenemos los pulmones vacíos contando hasta cuatro. Los números del conteo son orientativos, ya que podemos contar tan lenta o rápidamente como deseemos, lo importante es que nos sirvan de orientación y sean los mismos en los cuatro estadios de la respiración. Una variante de este ejercicio es que la inhalación y la exhalación duren el doble que las retenciones.


Conciencia corporal / Relajación

La práctica de cualquiera de las respiraciones citadas nos ayuda a empezar a trabajar la conciencia corporal. Por ejemplo, no es extraño que hayamos creído que es el aire en los pulmones lo que empuja al diafragma, en vez de pensar que empujar el diafragma es lo que expande la cavidad torácica y crea un vacío que se llenará de aire. Lo mismo sucede cuando algunas molestias o dolores nos hacen pensar en partes de nuestro cuerpo que no sabíamos que teníamos.   

El ejercicio más sencillo de consciencia corporal está ligado a la relajación y nos permite liberarnos de las tensiones internas, por más que sean inconscientes, antes de iniciar cualquier trabajo mágico. La relajación corporal es de gran ayuda para evitar molestias derivadas de estas tensiones y, junto a la observación de la respiración, resulta útil para mejorar el descanso nocturno.

Tendidos con la espalda recta, respiramos suavemente y empezamos a tomar consciencia de nuestra postura y peso corporal, tratando de relajar (”soltar”) progresivamente el cuerpo en orden ascendente - de los pies a la cabeza - o descendente. Para empezar esta práctica, especialmente cuando nuestro pensamiento parece querer sabotearnos, puede funcionar pretender que queremos flotar en el agua “haciendo el muerto”.
Algunos autores argumentan que es más fácil imaginarnos que las tensiones gotean o se escurren del cuerpo, por lo que aconsejan iniciar el ejercicio por la cabeza. Sin embargo, cuando nuestra mente ha estado dando vueltas sobre un mismo tema, está muy activa o acelerada, resultará más fácil inducirla a la calma relajando progresivamente el cuerpo desde los pies. El ejercicio no presenta mayor complicación, pensar, sentir e ir soltando los pies, piernas, vientre, abdomen, brazos, manos, cuello, cabeza y cara.

A lo largo del día será útil prestar atención a la postura que adoptamos. Cuando por motivos de trabajo debemos pasar varias horas quietos, de pie o sentados, la relajación corporal, aunque parcial (por ejemplo de los hombros, el cuello y el rostro), nos ayudará a prevenir los dolores derivados de la contracción muscular.

En este punto es importante señalar que, debido a los niveles de tensión y estrés a los que vivimos sometidos, en las sociedades occidentales se ha creído erróneamente que la práctica meditativa tiene por objetivo la relajación. Es probable que las primeras prácticas de respiración, consciencia corporal e incluso de visualización, nos den sueño. Esa será una de las primeras cuestiones que deberemos atender en nuestra práctica: hasta qué punto nos hemos acostumbrado a vivir en tensión y qué efectos está teniendo esto sobre nuestro estado físico y mental.

Por supuesto no nos ocurrirá nada malo si nos dormimos mientras realizamos estos ejercicios, posiblemente ese descanso sea lo que el cuerpo necesita antes de poder ayudarnos a realizar cualquier otra tarea en los planos internos. Sin embargo, como regla general, los ejercicios físicos preparatorios deberán conducirnos a un estado de serenidad, lucidez y ecuanimidad. Llama la atención que sólo con el desarrollo de estas tres cualidades se vería resuelto mucho de lo que habitualmente consideramos como “problemas” en nuestra vida. A pesar de esto, es habitual que el aprendiz quiera “pasar a la acción” antes de haber adquirido un cierto dominio sobre las técnicas básicas citadas, aunque si se toma en serio el trabajo, tarde o temprano deberá volver a ellas.


Visualización / Virtualización

La visualización es una de las técnicas más populares de la práctica mágica, y cuenta con muchas aplicaciones. La manera más sencilla de visualizar es reproducir mentalmente un trayecto que conozcamos bien, por ejemplo un tramo de nuestra calle. Este tipo de visualización se emplea como apoyo en el desarrollo de capacidades físicas o mentales, para atraer determinadas cosas a nuestra vida, así como en los ejercicios de exploración de los planos astrales (pathworking) de los que hablaremos en detalle más adelante.

Este tipo de prácticas pueden considerarse de hecho ejercicios de virtualización más que de visualización, dado que las reproducciones mentales que creemos deberían incorporar elementos procedentes del resto de sentidos físicos, tales como sonidos, olores, texturas, sabores, sensaciones térmicas, sentido del espacio, etc. Y, en determinadas ocasiones, incluso contenido emocional.

La contraparte cotidiana de esta habilidad nos lleva a prestar atención a nuestra experiencia del mundo físico – y en consecuencia, a aumentar nuestra consciencia del presente, a medida que éste transcurre-. Retomando el ejemplo anterior, es habitual que caminemos un tramo de nuestra calle de camino al trabajo, pero también es común que lo hagamos de un modo absolutamente distraído, con la cabeza llena de asuntos que nos remiten al pasado o nos proyectan al futuro.
Un buen ejercicio es tratar de retomar  y vivir con la mayor atención posible el momento que vivimos: ¿Cómo es esta calle por la que caminamos? ¿Qué temperatura hace, hay nubes o está despejado? ¿Hay árboles moviéndose con el viento? ¿Cómo llega la luz a las hojas, a las fachadas, a las aceras? ¿Cuántos colores podemos percibir en esta escena, tenemos un nombre para cada uno de ellos? ¿Cuántos sonidos podemos distinguir? ¿Nos llega algún olor?

Toda la información que recabemos en este acto de observación podrá ser usada en las prácticas de virtualización, pero al mismo tiempo estará ampliando nuestra visión y experiencia del mundo, y abriéndonos nuevos horizontes en la cotidianidad. Muchos de nosotros nos hemos criado en un mundo en el que habitualmente el camino de la casa al trabajo se hace con prisas, de mal humor, y anticipando un día de perros. Pero los niños  miran al cielo y se sorprenden en la forma curiosa de las nubes, en los colores de un amanecer, o el movimiento de un gorrión entre las ramas. No hace falta escapar al campo para reencontrarnos con la naturaleza, que no sólo está a nuestro alrededor, sino en nuestro interior. Con frecuencia, es nuestra mente la que levanta fronteras artificiales y nos separa de aquello que nos es tan necesario para vivir una existencia plena.

A pesar del orden común en los manuales, lo cierto es que es más fácil visualizar escenarios complejos y en movimiento, sin embargo para los ejercicios de concentración profunda, proyección y meditación, deberemos ser capaces también de sostener en nuestra mente una imagen única, sencilla e inmóvil.

Vaelia / Ouróboros ABC, 2012 


*Ilustración:  Herminone, de Skottie Young, 2012.

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