Cuaderno de Campo VII: Práctica diaria, centrado y conexión

Leszek Paradowski, The Beech with a Human Face, sf.


En el anterior Cuaderno comentamos tres habilidades básicas a desarrollar en la práctica diaria: la respiración, la consciencia corporal y la visualización (virtualización). En esta ocasión, presentamos un ejercicio que combina las tres sin demasiado esfuerzo, y que puede usarse como ejemplo de práctica sintetizada, en la medida que implica la concienciación sobre los cinco planos que mencionamos en el V Cuaderno: físico, astral (emocional), mental (intelectual), espiritual y, en su caso, también devocional. 

No debería ser demasiado difícil darnos cuenta de que constantemente vemos las cosas tal como estamos condicionados a verlas, tal como nuestros deseos y temores las desfiguran, en lugar de recibirlas sencillamente tal como son. Por ello, gran parte del aprendizaje de aquellos que esperan acercarse a la verdad consiste en limpiar progresivamente sus canales perceptivos, así como disciplinar la mente con el fin de que no distorsione la información que recibimos.
La otra cara de esta moneda es que todo brujo sabe, en mayor o menor medida, que es responsable de la realidad que habita, y que conserva un potencial creador y ordenador de la misma. El concepto puede resultar turbador, no sólo por la gran responsabilidad que conlleva para el individuo, sino porque desdibuja los límites de lo que usualmente damos por "verdadero". 
Muchas veces también puede ser una patada al estómago, cuando pensamos en las razones por las que, pudiendo elegir entre tantas posibilidades, acabamos por cristalizar una realidad en la que estamos tan limitados.  No he leído demasiados manuales que mencionen el detalle, pero transitar el sendero de la brujería, implica en muchas ocasiones tener que replantearse, tarde o temprano, prácticamente todo aquello en lo que una vez creímos... y hacerlo un par de veces.

La cuestión es que cuando, dentro del paganismo, se celebran los ocho festivales del Ciclo Anual, o cuando creamos el círculo mágico con los gestos e invocaciones correspondientes según la tradición, estamos creando modelos que se refuerzan a través de la intención y la repetición hasta volverse funcionales. Y cuanto más los repitamos, -incluyendo las mejoras que podamos incorporar-, mejor van a funcionar para nosotros. Del mismo modo que el conocimiento debe ser no sólo asimilado sino también digerido para poder ser considerado propio, la práctica debe convertirse en una expresión natural de nuestro ser, aportando algo de nosotros en cada gesto, movimiento, palabra, etc. 

La forma básica de práctica diaria -y de gran parte del trabajo mágico- consiste en el centrado y la conexión. Cuando nos centramos nos situamos en ese lugar privilegiado de nuestro propio ser desde el que podemos observarnos con serenidad y observar el universo que habitamos, para tomar las decisiones pertinentes. De este centro que parten también todos nuestros vínculos y conexiones, ya sea con el resto de seres o con diferentes fuerzas, y desde él podemos decidir y trabajar los enlaces que queremos potenciar, así como los que necesitamos ir soltando. 

Existen en diferentes tradiciones, dentro y fuera del paganismo, muchos modelos de ejercicio para el centrado y la conexión, así como ejercicios específicos que asumen el mismo modelo general pero lo  canalizan a fines determinados. Vamos a presentar en esta ocasión un ejercicio básico habitual en los círculos paganos, que recibe el nombre de grounding o enraizamiento.  

1- Empezamos con un ejercicio de relajación, por ejemplo, observando en silencio la propia respiración, tal como es. A continuación nos situamos de pie, con la espalda recta y mirando al frente, brazos relajados, tocando el cuerpo y las piernas ligeramente separadas, y nos damos el tiempo necesario para encontrar un punto de equilibrio que resulte cómodo. Luego, sin prisas, tomamos conciencia de nuestra postura. Hacemos una respiración profunda y exhalamos el aire lentamente.

2- Imaginamos que desde la base de la espina dorsal extendemos unas raíces bajan por las piernas y los pies, y más allá se dirigirán hacia el centro de la tierra. A medida que estas raíces profundizan, sentimos las diferentes capas terrestres; la turba, la tierra, corrientes de agua subterránea, lecho rocoso... y así hasta llegar al centro incandescente. Allí nuestras raíces se sumergen en el magma, como en el núcleo energético terrestre, sintiendo la conexión con la antigua Tierra que ha sostenido todas las generaciones de las que procedemos. 

3- Tras tomar conciencia de esta conexión, absorbemos parte de esa fuerza hacia arriba a través de nuestras raíces, atravesando las capas terrestres antes mencionadas, hasta subir por los pies y las piernas, circulando en el vientre y siendo bombeada por el corazón, extendiéndose por todo el cuerpo, subiendo por la garganta, palpitando en la frente, llegando a las palmas de las manos. 

4- En ese momento, extendemos lentamente los brazos hacia los lados como si fueran ramas, surgiendo del tronco. Visualizamos como de las ramas crecen hojas, y esas hojas empiezan a captar, a respirar la energía y la luz del sol y los astros, y tomamos conciencia de la inmensidad de los cielos. Absorbemos lentamente, a través de nuestras hojas, la energía irradiada desde las alturas  hacia el interior, hasta que recorra nuestro cuerpo por entero.

5- Ahora formamos parte de un eje que conecta lo más alto hacia con lo más profundo, e irradiamos una gran energía que, más allá de nuestro cuerpo, crece desde donde quiera que estemos, más allá de nuestra casa, de nuestra ciudad, de nuestro país, etc. hasta envolver el conjunto de todos los seres vivientes. Poco a poco volvemos a observar nuestra respiración, serenamente y terminamos el ejercicio expresando nuestro agradecimiento.

Como se puede imaginar, una vez nos familiarizamos con la estructura del ejercicio da para trabajar muchos aspectos, pero aquí nos centraremos en las cuestiones más elementales. Como decíamos al principio del texto, el ejercicio permite poner en práctica las habilidades básicas de la conciencia corporal, la respiración y la visualización. 
En el primer aspecto, vemos que la postura del cuerpo es esencial, y la idea de implicar nuestros brazos y piernas conlleva que invitemos a nuestro cuerpo a apoyarnos y participar en la práctica mágica, en vez de convertir ésta en un mero juego mental. 
En el segundo aspecto, señalar que todo el ejercicio, especialmente los momentos en los que absorbemos e irradiamos "energía" se verá reforzado si empleamos la respiración abdominal, profunda y rítmica. Sin embargo, hasta que no nos sintamos cómodos con ese tipo de respiración por el lapso que dura el ejercicio es mejor que este tipo de respiración se practique a parte, ya que es fundamental evitar el sobreesfuerzo.
En el tercer aspecto, nuestra visualización/virtualización puede volverse cada vez más rica en matices, y es mucha la información que podemos incluir en este ejercicio: la sensación de crecer de las raíces, el descenso por la tierra, el calor de la energía circulando, la robustez del árbol humano en que nos convertimos, la danza de las hojas bajo el sol resplandeciente, etc. Podemos imaginar colores distintos para la energía que procede de la Tierra y la que procede de los Cielos, que se mezclan en la que irradiamos a través de nuestros vínculos a todas nuestras relaciones, incluyendo el resto de seres vivientes.

En cuanto a los niveles con los que trabajamos, queda bastante clara la implicación de nuestro cuerpo físico y etérico en el ejercicio. En el nivel mental elaboramos el esquema y sus detalles; a la hora de recibir las energías de los cielos y de la tierra añadiremos, desde nuestras creencias y convicciones, qué propiedades conllevan estas procedencias, por ejemplo podemos determinar que la energía celeste es masculina y la terrestre femenina, e identificarlos a su vez con otra serie de símbolos y significados cuya relación con nosotros queremos reforzar. 
En el nivel astral, de la imaginación, actúa la visualización y anima este esquema con nuestras emociones, que a su vez en lugar de dispersarse desordenadamente, son canalizadas por el esquema establecido de antemano desde el nivel mental.  En el nivel espiritual, el ejercicio nos hace tomar conciencia de nuestra conexión con aquello que es más grande que nosotros, pero también de nuestro potencial de grandeza, y nos recuerda la conexión que existe entre nosotros y el resto de planos de existencia, entre nosotros y el resto de seres. En el aspecto devocional podemos reverenciar la conexión con nuestra/s divinidad/es. 

En algunas variantes de este ejercicio se ha recomendado que "si nos llenamos demasiado de energía, devolvamos la sobrante a la tierra a través de las palmas de nuestras manos", aunque personalmente es una afirmación que no me gusta. Parte del ejercicio consiste en sugerirle al universo cómo debe ordenarse... por eso cuando no se ha desarrollado una conciencia sobre cómo  y para qué deberían funcionar las prácticas, los resultados pueden diferentes aunque los pasos a seguir sean los mismos. 

La idea de "llenarnos" de energía puede llevarnos a pensar que las personas somos como baterías que se cargan y descargan, y a la larga esto puede dar lugar a quejas y sospechas sobre otras personas que nos "roban la energía". Dejemos fluir tranquilamente la energía por el eje que somos entre la tierra y los cielos - y a la inversa- , y sin importar cuánta nos pretendan absorber siempre nos quedará la suficiente para hacer lo que tengamos que hacer. Uno de los beneficios de los ejercicios de centrado y conexión bien hechos es que - salvo muy raras excepciones- cubren toda la necesidad de protección psíquica que podamos necesitar.

Otra idea secundaria que considero perniciosa es que exista "un sobrante de energía". En cierto modo es como cristalizar la creencia de que la Tierra y los Cielos son generosos, pero nosotros no sabemos serlo. No existen sobrantes de energía, si de repente tenemos más recursos o poder del que esperábamos, y proviene de una fuente limpia, venga en la forma que venga ( capacidades, influencia, dinero, tiempo,etc.) la respuesta lógica de un brujo no es rechazarlos, sino usarlos en beneficio de otros. De otra manera, no tendría sentido realizar ningún tipo de práctica mágica.  Nuevamente, se trata de convertirnos en un canal y dejar fluir por un lado y, por otro, de evitar que la práctica mágica se reduzca a un entretenimiento mental: si recibes algo, debes hacer algo más con ello. Otra de las cosas que el centrado y conexión deberían enseñarnos, precisamente, es que nuestra área de actuación no termina en nosotros.


Vaelia / Ouróboros ABC 2012

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