Acerca de lo "tradicional"

Isabel Guerra, Pobreza, 1976



En ocasiones el poder de una palabra nos ayuda a establecer relaciones, a encontrar la siguiente pieza del rompecabezas, o el siguiente peldaño de la escalera. En otras, lamentablemente, actúa como un cerrojo o una trampa, despistándonos, haciendo emerger nuestros propios prejuicios o ideas preconcebidas, que nos impiden acercarnos a la realidad tal como es.
Hay palabras que ejercen cierto poder sobre nosotros en función de aquellas imágenes o significados asociados que son capaces de evocar en nuestra mente. Los publicistas -profesionales o vocacionales- lo saben, y localizando las palabras adecuadas en un momento determinado, las emplean en las etiquetas de los productos que desean vender, ya se trate de ropa, alimentos, publicaciones o paquetes vacacionales. Entre esas palabras, prácticamente mágicas por sí mismas, con la que a menudo nos enfrentamos es "tradicional" (1).

Una "tradición" es un cúmulo de información transmitida de generación en generación, lo cual no indica nada acerca de la relevancia, la calidad o la utilidad de dicha información y, dicho sea de paso, tampoco especifica cuántas generaciones se ven implicadas en el proceso.
Cuando alguien trata de vender bajo la etiqueta tradicional posiblemente esté tratando de evocar un origen más remoto en el tiempo - ligándolo a ese otro prejuicio común según el cual "todo pasado fue mejor" - , pero ciñéndonos a la definición del diccionario, cualquier cosa que pase de abuelos a padres y de éstos a hijos podría considerarse una tradición familiar. Sin embargo, muchos compradores del yogur "tradicional" de fábrica lo están eligiendo precisamente por la imagen de la leche ordeñada a mano que centellea en la antesala de la conciencia.

Obviamente, existen también tradiciones que han implicado un número mucho mayor de generaciones, tradiciones antiguas que comúnmente se ligan a una localización geográfica específica, o a un grupo humano limitado. Sin embargo, la antigüedad como valor sólo puede aplicarse en dos casos; cuando el cúmulo de información no ha sido fragmentado en el proceso de transmisión, o, de modo secundario, cuando aún habiendo sido sesgado/transformado lo que ha quedado del origen ha seguido resultando al menos útil y funcional a lo largo del tiempo.

Desgraciadamente la tradición y el conocimiento pueden tomar direcciones opuestas. Existen muchas tradiciones antiguas vacías o medio vacías, en las que se mantiene la forma externa, pero se olvida el contenido, los porqués y los cómos. Si conseguimos un fuego, y lo mantenemos vivo, gozaremos de los beneficios que éste trae a nuestras vidas, pero si por cualquier eventualidad esa llama se extingue, y no sabemos o hemos olvidado cómo volverla a encender, todo se perderá con ella. Sólo cuando sepamos encender el fuego, éste nos va a pertenecer por derecho propio, sin que dependamos de la conservación íntegra de una reliquia concreta.

La tradición medio vacía corre el riesgo de devenir algo rígido y sin demasiado sentido. Dado que sólo posee un número limitado de opciones para conseguir el resultado deseado pretende conservarlas celosamente envueltas en secreto y misterio, porque al igual que esa llama de la que hablábamos antes, al desconocer los mecanismos que operan tras éstas, si se pierden será incapaz de recuperarlas.
Cuando tenemos idea de porqué o cómo funcionan las cosas, cuando contamos con el conocimiento real, somos capaces de experimentar en un campo mucho mayor de opciones y posibilidades para alcanzar los mismos resultados, pudiendo incluso llegar a mejorarlos. En el conocimiento real, el misterio se reserva al nivel de lo inefable... El misterio no se puede rebajar a echar tierra sobre lo que simplemente no sabemos, puesto que en todo caso eso es sólo ignorancia disimulada.

Es necesario entender, por lo tanto, que el conocimiento puede tener un origen remoto y haber sido transmitido a través de las tradiciones, pero siempre es actual. Y por otro lado, que las tradiciones en sí pueden igualmente haberse desvinculado del conocimiento en uno u otro momento. La tradición es como la corriente del río, mientras está viva hace correr el agua, sin embargo hay que tener en cuenta que lo hará tanto si se trata de agua potable como de agua residual.

Desgraciadamente, una tradición puede arrastrar elementos que en origen debieron ser funcionales, pero que en la actualidad y tal vez tras unas cuantas modificaciones - errores de copia- a lo largo del tiempo resulten irrelevantes, equívocos o incluso nocivos (2). Dada la rigidez , provocada por el temor, de las tradiciones vacías, estos mismos elementos contrarios al conocimiento real, pueden perpetuarse mucho más allá de lo que la lógica nos haría pensar.

Este es también el punto en el que la tradición y la ética pueden chocar y, por lo tanto, aquel en el que deberemos esforzarnos por encontrar ese difícil equilibrio entre la tendencia de imponer nuestros propios valores sobre otros y el relativismo absoluto.

Hace tiempo supe de un caso en el que los parientes de una persona con problemas de adicción habían llegado a contactar con un brujo indígena tradicional buscando una solución al problema. Este brujo no era en absoluto un impostor, y la efectividad de sus trabajos estaba comprobada. Sin embargo, el trabajo mágico debía realizarse sin que el sujeto al que se pretendía ayudar supiera nada de ello. En consecuencia, cuando preguntaron mi opinión, comenté que no tenía motivos para dudar de la autenticidad de las prácticas de aquel brujo, ni de su efectividad, pero que aquella no podría ser una opción para mí, dado que el procedimiento a seguir era contrario a mi ética.

perfectamente que a través de la magia, incluso de la magia desligada del conocimiento de los porqués y los cómos, se pueden lograr cosas increíbles ( y esto puede ser una auténtica tentación, sobretodo si hemos caído en la desesperación); Pero el hecho de convertir a alguien en marioneta de una voluntad ajena no me parece precisamente una ayuda a esa persona, independientemente de que esa marioneta vaya a ser enviada a robar un banco o a un centro de rehabilitación. Cualquier individuo, en cualquier situación, debe tener la voluntad de ayudarse a sí mismo, siendo consciente de sus procesos, tomando sus decisiones, y todo lo que podemos hacer por ella es apoyarla en el trabajo que ha iniciado por sí misma.

No se trata de que las tradiciones sean auténticas o falsas, provechosas o nocivas, sino de que esto dependerá del tipo de contenido que se esté transmitiendo de generación en generación. Hay de todo. Y como queda claro que no podemos generalizar, cada elemento deberá ser analizado de modo independiente, teniendo en cuenta su contexto íntegro.

En ocasiones, incluso cuando podamos comprender y respetar parte o la totalidad de una tradición, podremos también no estar de acuerdo con ello, no contemplarlo como una opción en nuestra vida, por motivos personales. Sin olvidar que tampoco será demasiado cortés (ni sensato) entrar en casas ajenas para decir qué deberían cocinar para la cena... Todo cuanto podemos hacer es tener unas cuantas recetas a mano, por si llegan a preguntarnos por ellas.

De todos modos creo que el buscador deberá plantearse una o varias veces a lo largo del camino si su búsqueda está enfocada a ese conocimiento ulterior y siempre actual localizable tras multiplicidad de manifestaciones o si la búsqueda se dirige prioritariamente hacia la pertenencia a (o identificación con) un grupo humano y una construcción cultural determinados por factores como la geografía, la etnia, o un periodo en la historia de la humanidad.

En realidad, cualquiera de los dos senderos puede llegar, en un momento dado, a fundirse con el otro, pero antes de que esto se produzca, deberemos haber tomado importantes decisiones y resuelto conflictos internos de los que nadie podrá ocuparse en nuestro lugar.

Vaelia Bjalfi, 
publicado originalmente el blog Perro Aullador (2010)



Notas:

(1) Otro día hablamos de lo "natural", o de lo "innovador" :)

(2) "En toda cultura hay costumbres importantes que celebran las transiciones del ciclo vital, perpetúan la cohesión comunitaria o transmiten valores tradicionales a las nuevas generaciones. Estas tradiciones reflejan las normas de cuidado y comportamiento basadas en la edad, la etapa de la vida, el sexo y la clase social. Si bien muchas tradiciones fomentan la cohesión y la unidad sociales, otras menoscaban la salud física y psíquica y la integridad de los miembros de la comunidad (...). Factores como el acceso limitado a la educación, la información y los servicios permiten la persistencia de las que resultan más nocivas." Lauren Hersh, en su artículo " Renunciar a las prácticas nocivas, no a la cultura".


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Espero ansiosa tu proxima publicacion ^_^

Vaelia dijo...

Muchas gracias, por si tienes curiosidad, también escribo en uncaminodecabras.blogspot.com :)
Saludos!

Publicar un comentario